Confieso que la reserva que tenía de la milicia castrense, la cual no podía disimular. Nunca entendida como animadversión, al inicio de mis estudios en el bachillerato coincidente con la resistencia opuesta por los estudiantes de secundaria y universitaria al régimen usurpador y cruel del dictador general Marcos Pérez Jiménez, tuvo su fundamento de justificada reserva, en la discriminación que en la escuela militar se le insinuaba a los cadetes que se preparaban para el ejercicio de la milicia, opuesta a la no consideración de civilidad.