La primera vez que entré a una tienda en divisas fue en el lejano 1994. Tuve que mostrar los tres dólares que me había regalado una amiga y logré pasar a la shopping en los bajos del hotel Sevilla, cercano al Capitolio de La Habana. El olor a limpio, el aire acondicionado y los anaqueles llenos de productos fueron un golpe duro para esta cubanita que hasta entonces solo conocía los comercios estatales y el mercado racionado. Desde entonces mucho ha llovido, pero también pareciera que la historia se mueve en círculos en esta Isla.