Esa madrugada del 4 de abril de 1992, ella no huyó: estaba en La Casona junto a su hermana, una de sus hijas y dos nietos, cuando unos 240 militares del Batallón José Leonardo Chirino, comandados por Miguel Rodríguez Torres -quien años después se desempeñó como ministro de Interior y de Justicia de la “revolución y hoy sus propios “camaradas” lo mantienen encarcelado-, intentó asesinar a las personas que estaba en la residencia presidencial a punta de balas y fuego de mortero.
