Por Pfag /@PedroAranguren
“Uno de los aspectos que más impresiona en la carrera política de Bolívar es la aguda conciencia de fracaso que la permea, sobre todo-pero exclusivamente- en sus etapas postreras. Son incontables las manifestaciones al respecto en su voluminosa correspondencia…”*Aníbal Romero

Aquí todo el mundo se ha barnizado con una gruesa capa de patriotismo barato autoproclamándose bolivariano, comenzando por el avispado de Páez que expulsó en 1830 a Bolívar del territorio de Venezuela, para venir en 1842 con un encendido bolivarianismo falso que no le cabía de gozo a traer los restos del gran hombre, acompañado de los más acérrimos enemigos de El Libertador que en 1830 le sirvieron de mercenarios al corajudo luchador de Las Queseras del Medio en el arte de defenestrar a Bolívar para quedarse con el poder en Venezuela y desmembrar el sueño más grande del Padre de la Patria, La Gran Colombia.
La primera conclusión es que la bellaquería política no es nueva en Venezuela, hundiendo sus raíces en aquellos tiempos fundacionales.
La segunda, es que utilizamos las palabras sin darle ningún contexto literal, porque, ¿cómo podrían declararse bolivarianos aquellos mismos que desmembraron con sus propias manos la gran obra de Bolívar?

El tercer aspecto a resaltar es que, habiéndose declarado Bolívar un fracasado-recuerden aquella frase lapidaria: “He arado en el mar”-, sin embargo, en aquella fiesta de celebración orgiástica que embargó a Caracas con ocasión de la expatriación de los restos de Simón Bolívar, en 1842, a nadie se le ocurrió hacer un aparte para hincar el discurso en aquella parte en que Bolívar asumía su fracaso más voluminoso, y es que está corroborado históricamente que mucha gente quiere ser más bolivariana que Bolívar, claro, se entiende, de la boca para fuera.
El cuarto aspecto, es que siendo una de las líneas de comportamiento recurrentes en Simón Bolívar, precisamente reconocer su fracaso, nadie de los que dicen ser sus seguidores más fieles han seguido su ejemplo, porque así tenemos que Bolívar fracasó pero nadie más ha reconocido con ocasión de gobernarnos que han fracasado; ni Páez, ni Guzmán Blanco, ni Gómez que era un “bolivariano” nato, ni Pérez Jiménez, ni los jefes de los gobiernos puntofijistas, y por supuesto, ni Chávez fracasó ni su hijo predilecto, Nicolás Maduro, habiendo tenido el tupé el “Comandante eterno”, para ser más bolivariano que nadie, de haber cambiado el nombre de Venezuela para apellidarla “bolivariana”, pero no he visto ni por asomo un tufillo de bolivarianismo para haber confesado lo que pudo haber confesado acerca de un tal Rafael Ramírez y de otros pilluelos semejantes su mea culpa por haber puesto con alevosía a zamuro a cuidar carne en Pdvsa.
Así, todos esos gobernantes mochos que hemos tenido han sido unos “vergatarios”, menos Bolívar.
*Aníbal Romero: Venezuela: Historia y política, tres estudios críticos.