De todo, menos de la confianza del país, puede quejarse Juan Guaidó. Desde un primer instante de su encargaduría presidencial, llevado por azarosas circunstancias a la presidencia del parlamento, ha contado con ella. No obstante, ganarla y profundizarla, ha requerido de un proceso político complejo que va más allá de los partidos que le dan o dicen darle apoyo, congregados en el G-4 y movilizando distintos factores para el llamado frente amplio que ha venido trabajando y produciendo desde ya algún tiempo, lamentablemente, sin los resultados esperados.