La dictadura no escatima en acciones para mantener la fachada. Sabe que siempre contará con comentarios positivos, tras liberar a un preso político. Es su dádiva para la apariencia, su habilidad para manejar las emociones; no su brazo a torcer. Ahora lo han hecho de nuevo, soltando a Juan Requesens de su cautiverio injusto. No hay manso cordero en Miraflores y siguen con su insana experiencia de darnos un pasatiempo, para continuar con sus demás procesos.