Los últimos cartuchos pueden ser los más terribles y despiadados. Se achican las alternativas y hasta el reflejo del espejo se vuelve turbio. Se acaban los ingenios para esconder la maldad. No hay forma de rehusar a la contienda. Hay un temor sincero esparcido en el palacio de gobierno. Se apela a los aliados sin miramientos, con la cara entrenada para pedir por la urgencia y explicar el riesgo.