Antes de la caída de muro de Berlín, el asunto estuvo dividido entre los países de economía dirigida, planificada y central, y los del libre mercado. Los unos, socialistas y, los otros, capitalistas. Por supuesto, que hubo matices marcados, pero esencialmente esa fue la distinción agregándole el reconocimiento o no de la propiedad privada. Harto demostrado, la Unión Soviética fracasó rotundamente y, por mucho que fue una superpotencia nuclear con cosmonautas y todo, no pudo ocultar más la realidad de la miseria, la pobreza, la asfixia, fruto de una implacable y larga dictadura en nombre del proletariado. Los otros países, de libre competencia, con todo y sus problemas, dieron un ejemplo contrario de prosperidad, desarrollo tecnológico y científico, realización deportiva, etc.