Laporta y los que quieran perder

Si alguien se presenta contra Laporta será porque no entiende de fútbol ni mucho menos lo que es el Barça, o porque habrá conseguido que un tercero le pague mucho dinero por hacerlo y por algún motivo que desde luego no tendrá ninguna relación con sus posibilidades de victoria. Con todos sus excesos y con todas sus hipérboles, Laporta encarna el deseo de arrasar con todo lo viejo que tienen los socios del Barça tras haber sufrido la delirante presidencia de Josep Maria Bartomeu, que ya nadie duda que ha sido la más calamitosa y turbia de la historia del club.

Independentistas y no independentistas están convencidos de que Laporta reúne el talento, el conocimiento y el carácter para rescatar al Barça de su más oscuro, y él, lo que hizo una vez, en circunstancias parecidas aunque sin el contexto de una pandemia, está convencido de poderlo volver a hacer. Su contención en las últimas semanas indica que va en serio. Es cierto que Víctor Font lleva mucho tiempo preparándose, pero nadie se ha enterado y cuando el drama ha llegado los ojos no se han girado hacia él sino hacia Laporta, al que le han bastado dos frases para volver a las portadas de la prensa deportiva catalana. La que le quiere, para celebrar que está de vuelta. La que le odia, porque sabe que va a ganar y quiere ganarse su favor -y sus subvenciones- ante la terrible crisis que viene.

La sombra de Rosell

Como siempre, Sandro Rosell tira la piedra y esconde la mano. Ni él ni Bartomeu se fían de ningún directivo de la actual junta, y para poder defenderse desde dentro de los juicios que tienen pendientes y de lo que saldrá cuando Laporta llegue y levante las alfombras, se han buscado un candidato para tratar de evitar lo inevitable. Jordi Roche, de una altura moral bastante superior a la de sus mentores y que cada vez tiene menos claro que le convenga convertirse en candidato. Otro Rosell, Juan, que nada tiene que ver con el primero, y que fue presidente de Fomento y de la CEOE, parece dispuesto a intentarlo y tendrá el apoyo del establishment, económico, social y financiero, pero pese a su categoría personal y profesional, su barcelonismo y su demostrada capacidad de gestión tanto al frente de los empresarios españoles como al mando de su empresa, es poco conocido entre los socios y no tiene el carisma, ni la acreditada experiencia de Laporta. Si Juan Rosell decide presentarse, es más que probable que Roche se retire definitivamente de la carrera.

Menos probable es que Víctor Font entienda que no tiene más remedio que retirarse o que fundirse en la candidatura de Laporta. El argumento de que lleva mucho tiempo preparándose para presentarse no le permite entender lo barriobajero, emocional y soez que es el socio del Barça, y que los motivos por los que decide su voto suelen ser los más lamentables. Laporta, que no tiene la trayectoria profesional de Font ni de Juan Rosell, ni la formación de ninguno de los dos, tiene en cambio el instinto del socio, sabe mezclarse con él, entenderlo, hablarle en la frecuencia en la que puede ser escuchado y forzando el argumento se podría decir que tiene más posibilidades de ser presidente por sus defectos que por sus virtudes. Si en 2015 el inesperado triplete que consiguió el Barça de Luis Enrique le hizo perder ante Bartomeu, cuando en enero parecía que iba a arrasarle, ahora las circunstancias son inequívocas y no hay margen para voltearlas.

Sólo errores muy graves del propio Laporta, o el descubrimiento de algún asunto muy grave que ahora mismo no está en ninguna agenda, podrían separarle de la presidencia.

Clique aqui para ver articulo original

Author: Pablo Perez