Niños en la frontera viven las tristes consecuencias de la pandemia

Para los niños de la frontera, esta época de pandemia ha sido como una pesada lápida de tristeza y preocupación en sus ya difíciles vidas.

Con una actividad de campo dirigida por la ONG Operación Libertad, en la cual se desarrollaron actividades pedagógicas y lúdicas con niños en edades comprendidas entre los 6 y 12 años de la parte alta del sector Pinto Salinas, en San Antonio del Táchira, al lado de Colombia, se pudo conocer que el mayor temor que enfrentan es contagiarse de coronavirus porque puede implicar la muerte de sus seres más queridos.

A pesar del dolor y el miedo reflejado en los rostros de los pequeños cuando se habla de covid-19, las medidas de protección y uso de tapabocas no son estrictos en la populosa barriada fronteriza donde el agua potable se suministra de manera irregular.

Danna tiene ocho años y contó que antes de la pandemia iba a la escuela, paseaba en bicicleta, salía, ayudaba a mamá en algunas labores y no usaba el tapabocas. Ahora todo cambió, señaló con algo de agobio.

La niña dice sentirse preocupada y con miedo, “porque con la pandemia uno se puede morir. En los adultos es más bravo el virus y por eso me preocupan mis hermanos y mi mamá”.

La mamá de Danna se dedica a la peluquería y el papá es mototaxista. Llegaron desde el estado Portuguesa a la frontera hace poco más de un año, buscando mejorar las condiciones de vida.

«Me siento triste porque no puedo ver a mi mamá»

La espontaneidad de los niños les hace decir cosas que sorprenden a los adultos que acompañan la actividad. Padres y familiares o simplemente vecinos de la zona con rostros sonrojados solo alcanzan a afirmar con la cabeza los comentarios de los chicos, sin decir ni una palabra. David Alejandro, de 10 años, lo resume así:

“¿Qué pasa si no usamos tapabocas? Viene la policía o los guardias nacionales y tenemos que darles 300.000 pesos”.

Los demás niños confirmaron el comentario entre risas. Los pesos son la moneda colombiana, de curso común en San Antonio del Táchira, aunque la ley dice que la divisa legal es el bolívar.

Todo les parece aburrido ahora. Antes jugaban futbol y se divertían con otras actividades. Ahora hacen muy poco.

David Alejandro vive con su abuela en San Antonio del Táchira. Es oriundo de Caracas y llegó a la frontera con su familia hace un año.

“Me siento triste porque mi mamá no puede venir. Está en Colombia. Allá hay muchos contagiados, entonces ella no puede salir. Mi papá si sale, a veces, con tapabocas”.

Javiangely es oriunda de Maturín, estado Monagas, al otro lado de Venezuela. Llegó a la frontera ocho meses atrás con su  familia porque “allá estaba muy difícil la vida”.

A la niña, de apenas seis años, le ha costado adaptarse a la zona. Dice estar triste porque los demás chicos no han sido amables con ella. “No me quieren prestar los juguetes y yo no tengo”.

Vía: El Estímulo

Clique aqui para ver articulo original en CCNES

Author: El Reportero Anónimo