Amigos chilenos de paso por Caracas nos previnieron en los albores de este asalto castro comunista al poder asombrados de lo que podía esperarnos a los venezolanos de caer en manos armadas e inescrupulosas. Las semejanzas y similitudes entre el pueblo venezolano y el pueblo cubano hacían presagiar el peor y más terrible de los desenlaces: la pérdida de nuestra soberanía. Tras veinte años y las oficiosas diligencias de sus fuerzas armadas, Venezuela es un apéndice de la tiranía cubana. Menos que una satrapía, una mísera colonia.