Que a Maduro no se le reconozca como Presidente de Venezuela o que se le califique de dictador no es obra de magia. Que, adicionalmente a esto, se le califique de narcotraficante, violador de los derechos humanos, se le acuse de crímenes de lesa humanidad, de traficante de oro de sangre, se conozca su relación con el terrorismo internacional, se descubran sus ilícitos cambiarios, su enriquecimiento ilícito y su corrupción administrativa, se le califique de torturador de presos políticos, se le dicte órden de captura, que se ofrezca recompensa para quien lo ponga a la órden de la justicia por sus vínculos criminales antes descritos; es el balance del esfuerzo político y el saldo resultante del esfuerzo colectivo por exponer ante el mundo el hambre, la diáspora, las muertes, los presos, torturados y desplazados.