“La verdad” es un pájaro pequeñito, “raro” y lento, un poco parecido a todos los pájaros, con rasgos compartidos con cada especie de ave, difícil de distinguir. Es un poco tímido y nervioso a pesar de ser lento. A contra luz, “la verdad” parece una tortuga voladora. Y es que casi nunca llega a tiempo para uno a aclarar los asuntos humanos, incluso es esquivo a los tribunales y temeroso de los abogados; él llega al tiempo de él. Si hay mucho sol, “la verdad” es como un Cupido borracho disparando para todas partes sus flechitas sin ningún recato. Por ahí anda “la verdad”, “sobre Venezuela”, parece haber sido avistado (este diminuto y esquivo pájaro) por el gobierno y descrito en un libraco fantástico más largo que el “Ulises” de James Joyce. Parte de las descripciones desprendidas del avistamiento eran del orden siguiente: “Tenía los ojos pela’os, tenía el bigote chorrea’o, tenía los pelos para’os, tenía la barba, pa’tras, y bailaba este merengue sabroso así de medio la’o, y bailaba este merengue con este ritmo atravesa’o”. Hay que aclarar que “la verdad” “es” cuando el ojo humano la divisa posada sobre algo, y “es” sólo ahí, en ese instante, y sólo para el ojo que la vio. Es muy raro realmente, muy difícil y breve. Esto lo afirmo, porque he leído retazos de avistamientos de verdades de diferentes autores. Si juntara todas las verdades vistas y descritas como “verdades” en la historia de la humanidad, consistentes a todos los ojos, creo que no se podría escribir más de una palabra. Sin embargo, el gobierno tiene un libro de alta densidad con “la verdad” atrapada ahí. Siempre me ha llamado la atención que todos la citen cuando es tan difícil conocerla.