La política no puede verse con simplicidad. Los acalorados debates de la opinión pública y el sabor metálico, nauseabundo y agrio de la pobreza forzada, no nos da pie a inventarnos nuevas teorías. No estamos para filosofar en el fango. Este no es un juego de idear consignas infantiles o enfilar los batallones a la orilla de la confusión.