La posibilidad de elegir entre la pobreza o la riqueza está siempre allí, como posibilidad teórica. Pero, en la práctica, el socialismo sigue triunfando sobre el capitalismo, por lo menos en el papel y en los discursos. A este no le importa, porque tiene la sensación –la seguridad- de que el futuro le pertenece. Los otros se contentan, mientras se siguen empobreciendo, no con adquirir el progreso, sino con el triunfo de una sola palabra.