Un discurso en la Asamblea General de la ONU es un poco como el show de talentos de un líder nacional, una oportunidad para que adopten una postura, desempeñen un papel y marquen el tono. Algunos luchan por una apariencia de estadista, otros buscan los fuegos artificiales. Vladimir Putin parecía un arruinado que intentaba tranquilizar a sus acreedores que todo iba bien.