En junio de 1989, el todopoderoso Comandante General Jaruzelski, jefe del Estado y del Partido Socialista Obrero de Polonia, perdió unas elecciones frente a las fuerzas anticomunistas, y su Gobierno tuvo que dimitir. La transición al poscomunismo había comenzado, y no sólo en Polonia: un año antes en Hungría, ya se había expulsado a Janos Kadar, otro jerarca comunista atornillado en el poder por décadas.