Muchas de las recetas sociales en boga no son sino las mismas ideas viejas que parten de negar la libre iniciativa individual como la fuente del progreso. En aras del progresismo se han vuelto a probar, bajo otros nombres, las mismas fórmulas que nos han conducido en Venezuela y América Latina adonde estamos. Con ello queda asegurado la perpetuación de la crisis, de la que viven cada día más políticos, militares, burócratas, asesores internacionales y organizamos de ayuda del exterior.