Pronunciar el apellido, El Aisami, es evocar el narcoterrorismo. Nada personal, sea dicho muy de paso. Corrían los primeros meses de 2010 y la contrainteligencia de EE UU, profundizaba la llamada, “Operación Casandra”, para desmantelar grupos del narcofundamentalismo musulmán. Fue la primera vez que el mencionado apellido apareció como player del tráfico ilícito internacional de sustancias psicotrópicas.