Puede uno compartir o no la posición que ha asumido Henrique Capriles pero sin mezquindad hay que admitir que expresa una preocupación honesta y un esfuerzo por impulsar una política para derrotar al régimen. Podrá discutirse la pertinencia o viabilidad de esa política pero no descalificar al proponente. A algunos les resultará incómodo pero Henrique Capriles se ha ganado el respeto de buena parte del país. Como parte de su exitosa trayectoria, ha sido dos veces candidato presidencial de la unidad, es decir ha representado a toda -y subrayo, toda- la oposición democrática en una dura confrontación contra Chávez primero y luego contra Maduro, en ambos casos con un esfuerzo titánico y un resultado extraordinario. De manera que a Capriles no le falta representatividad y alguna consideración -por decir lo menos- merece su opinión. Lamentablemente, el país está sometido a una polarización extrema y el régimen ha inoculado la intolerancia como práctica política.