Para un analista político extranjero, la situación de Venezuela es simplemente incomprensible. Un régimen que persigue, encarcela y acorrala a la oposición; y una oposición dividida y para colmo en contumacia por casi dos décadas para elaborar un Plan Estratégico que contenga objetivos claros y definidos que persiga el restablecimiento de la democracia en el país. Un régimen que controla el poder y con éste subyuga a su antojo a todo un pueblo, mientras existe una oposición, en muchos casos conveniente que solo explota coyunturas y que juega en un espacio virtual, con muchas inconsistencias. Un régimen que se fortalece ante las torpezas de la oposición, una oposición que se debilita por las ambiciones y programas personales que permiten concluir que más que dirigentes o líderes políticos, como lo fueron Rómulo Betancourt, Rafael Caldera o Jóvito Villalba en su época, estamos ante un grupo de desesperados aspirantes a la presidencia, y al poder.