¿Había otro modo más disimulado de colarse a las filas del régimen? ¿Había otro modo menos truculento? Lo ignoro. Henrique Capriles y Stalin González montaron su sainetico más tosco, más definitivo. El que los acopla en defensa de las elecciones fraudulentas de la tiranía. ¿Se podía esperar de ellos otra acción? No lo creo.