Las calles del Centro Histórico de la ciudad de Guatemala respiran vida, matices y recuerdos que nuestra memoria guarda intactos por su importancia histórica o personal. Caminar por la zona 1 es más que una experiencia, su colorido me recuerda siempre de dónde vengo, cuales fueron mis raíces, artistas, músicos bohemios, pintores, los grandes templos que han sido parte de miles de creencias, devociones, amor, odio, ideologías, opresión y liberación, dependiendo del cliente o la coyuntura. Extraño la libertad y la vida del Centro Histórico, allí encuentro con frecuencia esa dosis de realidad y convivencia, es algo más que comercio, fotos y realidades alternas. Satisfactorio es poder ir a los bares de esas calles históricas a tener una buena conversación, dialogar con mentes que se manifiestan de formas tan diversas, conocimientos variados y formas de expresión tan propias de sus emisores. A veces caminar por la sexta puede ser una terapia para los días difíciles y un ‘break’ para la rutina. Una de las presentaciones musicales que más he disfrutado fue en la Sexta avenida, mientras caminaba vi a tres personas en el suelo, eran dos músicos que interpretaban la guitarra y una cantante que tenía una voz extasiante, todos allí pasamos de escuchar a disfrutar y estremecernos, dos estudiantes del conservatorio y una cantante bohemia abatieron todos los estándares de calidad musical de los que estábamos presentes, un momento sublime en una tarde soleada de sábado. Las fiesta, la alegría, el desahogo colectivo y la histeria cuando tocaba una banda en el mítico centro histórico; intelectuales del rock, devotos del ska y los dogmáticos del punk se reunían en noches convulsas que deparaban en éxtasis, seguir la pista de la guitarra, liberarse en el ‘moshpit’ (una forma de bailar), sagrado moshpit, cuantas veces fuiste la terapia más efectiva y liberadora. Creo firmemente que los amigos que te deja el pit son los más honestos, no buscan nada más que liberarse de sus padecimientos en medio de un escenario tan diverso y comprensivo, tan acogedor, allí en el medio del caos hay paz, no hay razas, religiones ni nacionalidades, todos somos y todos hacemos, todos vivimos y disfrutamos, es con seguridad el espacio más saludable que existe.Te extraño Centro Histórico, ansío regresar y platicar con la izquierda extrema en uno de tus bares o besar a la derecha liberal de alguna de tus memorias.