Cambiar la Constitución fue la gran reivindicación que unió a los chilenos durante la revuelta social que empezó hace un año y mañana podrán votar en un plebiscito para enterrar o no la Carta Magna heredada de la dictadura, percibida como la base de la desigualdad.
Para los partidarios del Apruebo al cambio constitucional, principalmente en la oposición de izquierda, una nueva Constitución eliminaría el freno fundamental a las reformas sociales profundas, en uno de los países más desiguales de América Latina, que en los últimos 30 años fue uno de los más estables y con mayor prosperidad económica de la región.
Los defensores del Rechazo, que comparten parte de los partidos de la coalición conservadora gobernante, creen que es posible introducir cambios en el texto básico, pero no redactar una nueva Constitución. Para ellos, la estabilidad de Chile está en juego.
En caso de ganar el Apruebo se da la opción para redactar una nueva Constitución a través de una Convención Constituyente, integrada exclusivamente por miembros electos en votación popular. La otra alternativa es una “Convención Mixta”, integrada en partes iguales por parlamentarios en ejercicio y miembros electos especialmente para la ocasión.
El gran temor de los partidarios del Rechazo es que “Chile pierda su posición de privilegio en América Latina”, ganada en los 30 años de democracia, y se convierta en “una nueva Venezuela”. Para ellos, no es necesario cambiar una Constitución que le ha dado estabilidad a Chile aunque sí introducirle reformas.
Los episodios de violencia que han acompañado las multitudinarias marchas callejeras que emergieron a partir del 18 de octubre del año pasado, y que volvieron a repetirse este domingo con la quema de dos iglesias en la conmemoración del primer año de la revuelta, sustentan estos temores.
Las encuestas le dan un amplio triunfo al Apruebo, con entre un 60 y un 75 por ciento de los sufragios.