El Hotel Humboldt es un símbolo de una Venezuela que ya no existe. Un anhelo de una década donde el país ostentaba poderío, desarrollo urbano y riqueza petrolera. Era otro país. El hotel de lujo lo inauguró el dictador Marcos Pérez Jiménez en 1956, un militar que duró seis años en el poder (1952-58), que murió huido en Alcobendas, España; y cuya obsesión era construir piezas arquitectónicas únicas, de aspiración majestuosa, que pareciesen imposibles sobre el plano y sobre la tierra.