Llega el tiempo y esplende, para bien de esta tierra de gracia, un vigoroso liderazgo centrado en “hacer lo que hay que hacer”, que se toma la política como asunto trascendente y el más noble oficio humano que conduce a servir al bien común. Ese liderazgo, con coraje y congruencia, se niega a chapotear en la miseria para bregarse, como muchos lo hacen, inflamando el ego fatuo junto a sus intereses crematísticos y buscando el aplauso efímero. Ha marcado distancia con la trampa caza bobos de las falsas rutas, zigzagueantes, de las engañifas de prender la calle para luego enfriarla, de ganar dinero cohabitando de cualquier manera.