Eres

Me pregunto quién eres y por qué has aparecido en mi vida. Para qué y cómo has surgido inesperada y subrepticiamente, si yo, al término de mi travesía por estos desiertos había casi renunciado a la idea de encontrarme con un oasis, de nadar en un río, de sumergirme en un mar donde descansar de los acaloramientos fatigosos que produce escapar cada día del absurdo de la existencia que nos asfixia como a ratas en el laberinto.

Me pregunto entonces por qué razón vienes de pronto a mostrarme y a compartir tu propia travesía a través de las notas de música que tatuaron tus sueños de juventud antes de que el destino te expulsara de tu país para venir a caer en esta zona inhóspita del planeta que, paradójicamente, ha sido el oasis que te ha devuelto la alegría de vivir.

Nos encontramos por sorpresa a la vuelta de la esquina, una de esas esquinas que solo existen en la magia de las novelas y de los cuentos de hadas, pero que en nuestro caso se convirtió en el sitio donde las miradas y las historias se entrelazaron para arrancarle a la monotonía su mueca histriónica, permitiéndonos así darnos ese paseo tan anhelado por los jardines que, sin nombre ni rostro, cada uno jamás cesó de escarbar en los laberintos de la utopía.

Eres ahora luz que alumbra y da relieve a mis locuras que, gracias a ti, encuentran el privilegio de transmutarse en vestigios de una civilización nunca antes alcanzada en las vísceras y en las zonas habitadas de mi cerebro, permitiéndome por fin, por primera vez en mi vida, dar ditirámbicos saltos y vueltas de gato hacia esos parajes en los que la risa es el precio para poder enredarse en el país de la euforia. 

Me surgen entonces, y nos surgen, posibilidades de caminar por la selva de asfalto como si fueran regadíos en medio de bosques y lagunas, sospechando que el mundo tiene ahora otra fisonomía y otra cadencia, que ya no significan destierro y soledad, sino un enraizamiento en lo más profundo de nuestras almas, allí donde el sentido de lo humano se transforma en una flor que se convierte en viento y en música.

Son tus parajes, sí, tu talante, tu expresión, tu fuerza. Es tu mirada y tu agitar de manos, tus hombros, tu silueta. Son tus labios, tu desvergüenza, tu osadía, tus palabras. Es tu pecho, tus piernas, la curvatura de tu vientre, tu deseo. Es tu valentía y ternura, tu lucidez, tu locura. Eres tú. Esa. Conmigo. Gracias por siempre, Hari.

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Author: Maria Suarez