Fue Zygmunt Bauman, sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío, fallecido en 2017 en Leeds, en cuya universidad enseñó durante años, quien acuñó el concepto de “modernidad líquida” (también el de “sociedad líquida” o “amor líquido”), para definir el estado actual de un mundo en el que las firmes realidades de nuestros abuelos -un empleo para toda la vida, un matrimonio para siempre-, se han desvanecido, porque todo en nuestros días es precario, provisional, imprevisible y, con frecuencia, agotador. Todo cambiante, gaseoso, inaprensible hasta la esquizofrenia, sin la menor garantía de estabilidad en nuestro mundo de fidelidades compradas y valores en almoneda. Nada sólido, nada firme a lo que aferrarse. Y todo sucede a la velocidad del relámpago. El escándalo de hoy viene a tapar el pasmo de ayer, en la certeza de que mañana una nueva inesperada tormenta volcará sobre nuestros sentidos el golpe de lo imprevisto e inaudito. La era de lo discontinuo.
Jesús Cacho: Camino de servidumbre
Fue Zygmunt Bauman, sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío, fallecido en 2017 en Leeds, en cuya universidad enseñó durante años, quien acuñó el concepto de “modernidad líquida” (también el de “sociedad líquida” o “amor líquido”), para definir el estado actual de un mundo en el que las firmes realidades de nuestros abuelos -un empleo para toda la vida, un matrimonio para siempre-, se han desvanecido, porque todo en nuestros días es precario, provisional, imprevisible y, con frecuencia, agotador. Todo cambiante, gaseoso, inaprensible hasta la esquizofrenia, sin la menor garantía de estabilidad en nuestro mundo de fidelidades compradas y valores en almoneda. Nada sólido, nada firme a lo que aferrarse. Y todo sucede a la velocidad del relámpago. El escándalo de hoy viene a tapar el pasmo de ayer, en la certeza de que mañana una nueva inesperada tormenta volcará sobre nuestros sentidos el golpe de lo imprevisto e inaudito. La era de lo discontinuo.
Jesús Cacho: Camino de servidumbre
Fue Zygmunt Bauman, sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío, fallecido en 2017 en Leeds, en cuya universidad enseñó durante años, quien acuñó el concepto de “modernidad líquida” (también el de “sociedad líquida” o “amor líquido”), para definir el estado actual de un mundo en el que las firmes realidades de nuestros abuelos -un empleo para toda la vida, un matrimonio para siempre-, se han desvanecido, porque todo en nuestros días es precario, provisional, imprevisible y, con frecuencia, agotador. Todo cambiante, gaseoso, inaprensible hasta la esquizofrenia, sin la menor garantía de estabilidad en nuestro mundo de fidelidades compradas y valores en almoneda. Nada sólido, nada firme a lo que aferrarse. Y todo sucede a la velocidad del relámpago. El escándalo de hoy viene a tapar el pasmo de ayer, en la certeza de que mañana una nueva inesperada tormenta volcará sobre nuestros sentidos el golpe de lo imprevisto e inaudito. La era de lo discontinuo.