Siempre me he negado a creer en pretextos y en casualidades sorpresivas. Tampoco creo en frases alarmantes y en racionamientos efímeros. Para eso existen las bases de la lógica y los hechos sustentados en la legalidad, complicada o no. En Venezuela se perdió la normalidad del Estado de Derecho, las proclamas estremecedoras y las esperas festivas. Nuestras alegrías de antaño las cambiamos para vivir en la jungla de lo inaudito.