Al finalizar el siglo XX, armaron una inmensa alharaca por la situación de calamidad que había alcanzado la administración de justicia en Venezuela. Juraba Hugo Chávez que, a la vuelta de la esquina, resolvería todo y un nombre se hizo famoso, por entonces, como el de Manuel Quijada como artífice de la transformación de los tribunales del país, pero resultó un gran fiasco!!! Pasó el tiempo y todo empeoró. Entre otros abundantes ejemplos, recién graduados, sin la experiencia ni credenciales debidas y hasta con prontuario judicial, mientras fuese chavista, llegaron a ser magistrados del Tribunal Supremo de Justicia cualquiera que se le ocurriera también a Maduro. Coparon los juzgados más diversos, a todo nivel, con jueces provisorios, puestos ahí para el negocio e, igualmente, la injusticia más indecente al castigar a los disidentes políticos, inventándoles tipos penales inverosímiles hasta por la propia nomenclatura que puso al revés la gran tradición penalista del país: ¿qué dirían hoy José Rafael Mendoza, Tulio Chiossone y hasta Elio Gómez Grillo, simpatizante del socialismo que murió olvidado y despreciado por los suyos? Faltando poco, se pusieron a inventar el guiso de las ciudadelas judiciales que repletó los bolsillos de los corruptos del país. O intervinieron la vida de los colegios de abogados, impidiéndoles renovar sus legítimas autoridades.