Gracias al petróleo, pero también a nuestros esfuerzos, Venezuela dio un salto enorme a la vida moderna. Con todas sus fallas, después de 1958, dejamos una larga historia de guerras civiles, aunque hubo momentos difíciles con los golpes militares y la insurrección armada respaldada por Cuba, pero supimos salir adelante. El país de tres universidades, pasó a más de cien al finalizar el siglo, con hospitales, autopistas, una importante riqueza forestal y agropecuaria, una industria pesada en Guyana, grandes metrópolis, el complejo Hidroeléctrico de El Guri, generaciones mejor alimentadas que todas las precedentes, puertos y aeropuertos en plena faena, en fin, niveles de vida envidiables o demasiado envidiables de compararlas con el presente. Las instituciones funcionaban, llamadas a perfeccionarse, y tanto fue así que hasta se le reconoció el triunfo electoral a Chávez Frías, el golpista de años atrás. Ya declinaba la renta petrolera y el llamado que fue frustrado, era el de una economía abierta y competitiva, ensanchando todas las libertades, incluyendo las económicas. Hasta hubo momentos en los que se podía tomar directamente agua del grifo, sin correr riesgo alguno.