Más allá de las diferencias que alberguen y las opciones que representen, lo único cierto y valedero de estas elecciones presidenciales estadounidenses es que resaltan y dejan ver la riqueza que representan ambos candidatos para su sociedad, al extremo que sus candidatos pueden considerarse incluso complementarios: Biden representa la moderación, la búsqueda de la igualdad y la justicia, y sobre todo el logro de la prosperidad para todos los norteamericanos. Son valores tan universales, que nadie en su sano juicio podría cuestionarlos. Pero Trump apuesta a fortalecer la identidad de la primera y más grande nación del orbe. Ponerla al frente de la globalización y devolverle toda la grandeza que se merece. ¿Quién podría oponerse a su engrandecimiento, que no sean los enemigos de la primera potencia del planeta?