La resistencia indígena, por Antonio Sánchez García @sangarccs

El resentimiento que arrastra consigo el espíritu latinoamericano, si se le puede dar ese nombre al paquete de prejuicios, traumas y complejos que lastra nuestra conformación espiritual, tras más de quinientos años de existencia – pues la América española, como bien insistía en llamarla el aristócrata vasco venezolano Simón Bolívar, vio la luz, o se la vieron, un 12 de octubre de 1492. Hasta entonces el continente no tenía existencia global. No existía entre los continentes que dominaban el mundo. Era Finis Terrae, lo ignoto, el borde extremo de la mesa que era el planeta en la conciencia de la cumbre civilizada del homo sapiens. Ni siquiera tenía plena conciencia de si mismo. Dicho hegelianamente, la América precolombina existía en sí, pero no para sí. A pesar de contar con dos soberbias culturas, en algunos aspectos muy superiores a las culturas dominantes: la europea y la asiática, ni los Aztecas sabían de los Incas, ni los Incas de los Aztecas. Estaban ensimismados, salvo en cuanto al dominio imperial que ejercían en sus territorios. En ambos casos ejercido con la máxima brutalidad imaginable, incluso el esclavismo, en algunos casos llevados al extremo del canibalismo. ¿Es de esa brutalidad extrema, inhumana y bárbara, ejercida por aztecas e incas sobre los pueblos por sus elites dominados que se reclaman las mentes afiebradas del latinoamericanismo extremo de las conciencias marxistoides latinoamericanas?

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Author: Pablo Perez