No es casual que Guatemala tenga la peor infraestructura en carreteras de toda la región, si en lugar de contar con un ministerio hacedor de carreteras cuenta con una autopista de corrupción mal llamado Ministerio de Comunicaciones Infraestructura y Vivienda.
Pese a haberse probado en tribunales casos emblemáticos de corrupción en la adjudicación de obras y todo el andamiaje que funciona para mantener esa superautopista de corrupción, seguimos esperando resultados diferentes, manteniendo e incluso ensanchando esa autopista.
Como si nada pasara, el Gobierno quiere duplicar el presupuesto para esa cartera en el 2021 con el falaz argumento de reactivar la economía. De concretarse tal plan solo habremos aumentado la brecha fiscal y haber engordado caletas y cuentas de los operadores del peaje de esa autopista.
Ese Ministerio es una autopista superrápida para succionar recursos luego de décadas de corrupción histórica, estructural y sistémica. Casos juzgados dan cuenta de cómo operan los carteles de constructores y funcionarios coludidos, que cada cuatro años, montan un carrusel de empresas premiadas por su contribución a la campaña electoral.
Más de una docena de funcionarios entre ministros, viceministros, directores y miembros de juntas de calificación enfrentan proceso judicial por delitos de corrupción como colusión, cohecho activo y pasivo, fraude, financiamiento ilícito de campañas electorales, etcétera. Sabiendo esto, quieren seguir metiendo dinero en ese hoyo negro.
La famosa deuda de arrastre sigue creciendo como cola de barrilete de Sumpango, por el irrespeto continuo a normas presupuestarias que impiden contraer compromisos sin respaldo financiero. La colusión entre empresas y la adjudicación de contratos sin competencia se ha convertido en la norma. La ausencia de controles efectivos que frenen estas prácticas ha convertido a los funcionarios de turno en intocables y futuros millonarios con casas que acumulan fortunas como la que vimos del exministro Benito consentido de Jimmy Morales, ahora sabemos por qué era su genio.
El reciente escándalo por Q135 millones que ni los más altos funcionarios de ese Ministerio saben responder coherentemente sobre su destino, es apenas una muestra del nivel de profundidad de podredumbre que allí reina sin que haya control con poder de detener la caseta de peaje que administra esta superautopista de corrupción.
Hay dos tareas inmediatas por hacer. Desarrollar una auditoría independiente de todas las dependencias de ese Ministerio a fin de identificar las redes en turno encargadas de operar los amaños para el desfalco y proceder a denunciarlos. Y dos, una reforma institucional de fondo que devuelva a dicho Ministerio su naturaleza y esencia, cosa que no interesa a los gobiernos de turno porque es la máquina para pagar facturas de campaña y almacenar caletas para su retiro.