Las últimas semanas Venezuela ha estado en la boca de muchos países que pertenecen a organizaciones como la ONU o la OEA. Han constatado, después de algunos años, lo que a gritos Venezuela les decía: en el país se violan los derechos humanos. Por supuesto, la llaman crisis humanitaria compleja de acuerdo a la nomenclatura internacional, pero aceptémoslo como lo que es: toda una catástrofe de alta embarradura. Ya no se trata solo de los que mueren de hambre ni de mengua, o de los que por diferencias políticas se encuentran en las mazmorras del régimen, sino de las secuelas sociales que quedarán para quienes la sobrevivan, porque desde ya se siente, se ve, y se evidencia la sintomatología.