Mi hija menor vive en Miami, como centenas de miles de venezolanos que huyeron de Venezuela a partir de 2013, cuando Nicolás Maduro, el heredero, fue electo presidente en unos comicios que nadie sabe si en efecto ganó. En días recientes, la directora del colegio donde estudia mi nieto de ocho años, convocó una reunión de padres y representantes para tratar el tema de la covid-19 y las medidas de seguridad que el colegio adoptaría. Resulta que la señora es trumpista militante. Desestima la gravedad del corona virus y, desde luego, desdeña el uso del tapaboca. La profesora se refería a la enfermedad con cierta sorna y desdén. Su actitud provocó la reacción de numerosos padres que sintieron que sus hijos estaban acudiendo a un lugar inseguro conducido por una irresponsable. El debate fue subiendo de tono, hasta transformarse en una pelea entre republicanos y demócratas. Lamentable.