Los ataques defensivos del régimen de Maduro son, sin que nos quede lugar a dudas, el colmo del cinismo. Corren hacia delante, con el grito ya descubierto de ¡ahí va el ladrón, ahí va el ladrón! Asaltan, saquean y rematan a un país sin miramientos ni con la más mínima pizca de escrúpulos, y con todo el desparpajo del mundo pretenden seguir montando en escena sus shows de inmaculados inocentes. A esa guerra comunicacional no hay que tratarla con desdén, ni quedarnos en la equivocada conclusión de que “nadie les cree sus mentiras”. El despliegue propagandístico es descomunal y para eso cuentan con la vasta experiencia de sus socios cubanos y rusos.