La apropiación
En este país, si se ostenta una factura o un título de propiedad sobre un bien, se puede hacer lo que se quiera con ello. El sistema capitalista cuenta con este mecanismo jurídico que protege y asegura la apropiación individual de los bienes existentes dentro de una sociedad. Es el derecho que ejercen los ahora dueños de El Socorro, quienes en nombre de un tipo de “desarrollo” arrasan bosques y fauna silvestre; el mismo que les facilita a los dueños del sistema finca desalojar a comunidades enteras, dejar sin agua a las poblaciones arrinconadas por los latifundios, cuando no se invierte en el bien común y se autorizan infraestructuras y urbanizaciones en lugares nefastos como El Cambray II o San Miguel Los Lotes, y no se invierte en prevención, provocando que cada año, durante la época de lluvias, una parte de la población quede inundada, desamparada o soterrada como la aldea Quejá, San Cristóbal, Alta Verapaz. Podríamos decir que en Guatemala el derecho a la propiedad es un derecho que tiene privilegios sobre otros, como el derecho a la vida digna. En el capitalismo el bienestar colectivo y la sostenibilidad de los ecosistemas que sustentan la Vida, y por lo tanto la vida humana, pierden terreno frente al derecho a la propiedad. Ese derecho a la propiedad y a su mercantilización, también se ha ejercido sobre humanos. Población originaria de Abya Yala, de África y mujeres han sido tratadas como objetos a través de la esclavitud y la servidumbre, relaciones en las cuales los apropiadores generan para sí, riquezas, bienestar o prestigio.
La reapropiación
Para que cada persona viva una vida digna y trascendente, se requiere que tenga el pleno derecho a decidir sobre el cuerpo que habita. Conocerse en lo físico, sus órganos, su fisiología, también dimensiones como la espiritual, emocional y afectiva, generaría niñas orgullosas y responsables de sus poderes creativos, sexuales y reproductivos. Conocer sus debilidades y sus potencialidades, ofrecería la posibilidad de trazarse objetivos realizables, establecer límites, contribuyendo creativamente al bienestar de su colectividad. Hasta que problemáticas como los abusos sexuales cometidos por parientes masculinos, embarazos no deseados, la clandestinidad del aborto y los femicidios no sean atendidas de manera integral y continua por el conjunto de la sociedad, no dejarán de estar en la agenda del movimiento de mujeres y feminista. Necesitamos construir una sociedad conformada por personas conocedoras de sí mismas, empáticas y responsables con sus semejantes, que comprenda su vinculación y se sienta parte del Planeta en el que habita, sabiendo que este está en movimiento continuo y que en estas latitudes, las lluvias y los huracanes son necesarios para limpiarlo y enfriarlo.
Solidaridad con las comunidades y pueblos víctimas de la vulnerabilidad construida bajo la lógica de la ganancia y la propiedad privada.