La incautación de Q.122.3 millones por parte de la Fiscalía Especial contra la Impunidad en una residencia del condominio Doña Beatriz en la ciudad de la Antigua Guatemala, no dejó de causar cierto estupor en la ciudadanía informada. A pesar de que la corrupción en los organismos del Estado es un secreto a voces, el alto monto de lo incautado produjo asombro porque no cabía imaginar que este detestable crimen tuviera tan largos alcances.
Como secretario de los Diez de Valía, puesto que desempeñó de 1498 a 1512 en el gobierno de Florencia, Nicolás Maquiavelo, al gestionar asuntos importantes de política internacional, adquirió los conocimientos que le permitieron, entre otros, determinar el poder corruptor del dinero unido indisolublemente a conductas deshonestas y comportamientos hipócritas.
En nuestro sufrido país, el dinero se ha convertido en el dios advenedizo con el que se compra honradez a jueces y magistrados venales, políticos sin conciencia y burócratas tentados por la ambición insana; se negocian cabildeos en la capital del imperio, se sostiene a agrupaciones de activistas para que se manifiesten contra los intentos de reformar el Estado, y se financian ilícitamente candidaturas presidenciales para llevar al poder a marionetas sin ningún grado de decisión. Agobiada por la ignorancia, la democracia es una mascarada donde el gobierno no es del pueblo, por el pueblo ni para el pueblo. Alienados por la sociedad de consumo, los ciudadanos nos movemos entre el egoísmo y la indiferencia, esperanzados a que de repente algún día podamos recoger aunque sea las migajas que se desborden del pastel que luce en las casas de la abundancia. Poderoso caballero es don dinero.