Las elecciones norteamericanas están recordándonos que, en el contexto de una elección, pocas palabras tienen tanta fuerza como la palabra “fraude”. Son seis letras que se mueven, viajan, se comparten, y reciben likes como pocas. Lamentablemente, cuando se utiliza desligada de los hechos y datos reales, deja de ser un fenómeno de redes sociales para convertirse en una realidad peligrosa que deteriora la agenda y el discurso público, polarizándolo al punto de volverlo tóxico.