Estamos vulnerables a creer cualquier cosa. La verdad la camufla nuestro entorno con sinsentidos y a veces hasta con epopeyas rancias. A diario jugamos con fuego o con el temor de no saber si estamos completamente engañados; si somos carne de caño de nuestras propias alucinaciones noticiosas. Deseamos reconocer quiénes son nuestros paladines para las gestas; los reales precursores para los cambios necesarios.