José Rafael Herrera: ¿Socialistas?

Federico Engels cuenta, entre sus méritos, con el hecho de haber sido un hombre de bien. Sin duda, enalteciendo su propio apellido, Engels fue un gentiluomo sensible y educado, culto y honesto, pero, sobre todo, portador de un gran corazón, con un sentido de la solidaridad humana y de la amistad como pocos y quizá contados casos. Lo que desde el punto de vista estrictamente especulativo -es decir, teorético-conceptual- no llegó a tener, no obsta para no reconocer y valorar su talante profundamente humano, en el estricto significado del término. Quizá porque, al igual que el resto de sus condiscípulos, obsesionados por dar el combate contra el anti-hegelismo imperante, prestaron demasiado interés a las calumnias del viejo Schelling o del resentido Schopenhauer contra Hegel, en cuyas interpretaciones se puede hoy -a la luz de la perspectiva histórico-hermenéutica que ofrece el presente- descubrir, con relativa facilidad, la trampa -no exenta de mala fe- de querer contrabandear “el gato” de la dialéctica por “la liebre” de la lógica de la identidad, propia del entendimiento reflexivo y, por eso mismo, abstracto. El hecho de que en alguna de sus cartas le reconociera a Marx lo difícil que le resultaba lograr comprender sus “giros dialécticos”, especialmente en el capítulo dedicado a la teoría del valor, da cuenta del handicap ontológico que pautó el sendero de sus ensayos. Como también permite adentrarse en las distinciones -más tarde, adulteradas y fijadas como vulgar propaganda por el stalinismo- entre un “socialismo utópico” y un “socialismo científico”, a pesar de que en él todavía el término distaba mucho de las ciencias particulares de hoy, aproximándose, más bien, a la Wissenschaft en sentido filosófico.

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Author: Pablo Perez