Este año dos mil veinte ha tenido la particularidad de colocar al mundo entre el tedio de las cuarentenas y la incertidumbre generada por hechos inusitados. No obstante, en Venezuela, incluso con tanta tragedia, lo que se avizora es el asco ante el eterno retorno de lo igual. Sonará duro, pero la realidad del caso es que vivimos en un refrito incesante. Han pasado más de veinte años y, por alguna razón, uno tiene que calarse los mismos hechos, oír las mismas proclamas y tener que hablar de los mismos actores políticos.