A mediados del siglo pasado era inmenso el caudal de trinitarios que transitaban por la frontera entre Trinidad y Venezuela, al este del país continental. Hasta Güiria iban a dar los migrantes trinitarios en busca de mejores oportunidades para vivir. Era el tiempo de un país relegado y olvidado. Trinidad y peor, Tobago, no importaban a nadie, así como su empobrecida población, que vivía soñando conel paraíso venezolano, y, mientras ello ocurría, se dedicaban, gran parte de su población, al contrabando del güisqui y cigarrillos.