Esta semana, en atención a mis responsabilidades partidistas, tuve que ir a Guacara a reunirme con varios compañeros del eje oriental y de Aragua. Cómo cualquier peatón, mi ruta es tomar varias busetas desde Tocuyito y, esperando transbordar en el distribuidor San Blas, los pude ver. Un grupo de algo más de diez personas, hombres, mujeres y niños, mochilas y bolsos en mano, se me acercó una señora de entre ellos y me dijo “¿para dónde agarro vía Tinaquillo?, Vamos para Barinas y de allí para Cúcuta”. Sacando las palabras como pude y poniendo la misma energía en no dejar que se me saliera una lágrima frente a quién, seguramente, ya ha vertido muchas, le dije más o menos la orientación que creo le podía servir. Y, luego, les perdí de vista.