La pesadilla Trump sigue, pero ya acabará (II)

Para entender el ascenso a la política de Trump recomiendo ver en ‘Netflix’ el documental ‘Get me Roger Stone’, el político publicista que a sus veinticuatro años estaba metido en las tareas sucias de Watergate y que aconsejó a Nixon cómo ganar las elecciones en los estados sureños debido a su desconsento con el presidente Lyndon Johnson luego que suscribió los derechos civiles de los negros. Stone llenó de odio racial a los sureños de manera directa y Nixon sería su portavoz. Luego, se dio por ensuciar con mentiras a los candidatos rivales demócratas que hasta hacía poco controlaban el sur. Stone expone cómo, al ver a Trump con un buen pelo mediático, lo ayudó a tener el programa televisivo ‘The Apprentice’, que le dio cobertura nacional. Stone dice que la gente común no entiende entre farándula y política, y lo vio con aire de autoridad en ese ‘show’. Luego lo llevó a la política con su método de ganar sin importar cómo (mentiras y mentiras contra el oponente hasta ensuciarlo). Le fue bien al ensuciar a Hillary Clinton de diablo comunista y de tildarla como criminal. Stone se ríe en el documental de ello, pero no cuando fue condenado por un juzgado y puesto preso. Pero Trump lo liberó con su perdón presidencial hace poco. En su presidencia díscola, como bien ha contado recién Lionel Toriello y otros periodistas, Trump trató bien a los dictadores de varios países, jugó a su antojo con los gobiernos de Mesoamérica para que detuvieran el flujo de migrantes, pero, de manera contradictoria, apoyó a los regímenes corruptos del Triángulo Norte que eran la causa principal de la migración debido a que los estados no atendían sus problemas de inseguridad, pobreza y desempleo. Trump, a su vez, actuó contra las familias migrantes al separar a los niños, cientos de los cuales siguen hasta ahora sin saber de sus padres. Un bastardo y cínico como Stone.

Trump descartó el proyecto de crear una unidad entre Norteamérica, el Caribe y Centroamérica planteado por Robert D. Kaplan avalado en Harvard. Es una idea que vino de los romanos cuando ampliaron a las provincias los derechos de ciudadanía para unirse y enfrentar juntos a los enemigos “bárbaros”. En ese caso, China. Trump no solo hizo eso sino insultó a Mesoamérica por no hacer nada por detener la migración. Pero, a la vez, dio por terminada la CICIG y la comisión similar en Honduras para favorecer a los corruptos. Ya la CICIG había alcanzado éxitos en el juzgamiento de altos políticos y expresidentes como pasaba en otros países centroamericanos. El obsoleto Parlamento Centroamericano se convirtió en un refugio de mandatarios y políticos corruptos.

Por ello el istmo ve con esperanza la creación de la oficina contra la corrupción que va a crear Joe Biden para volver a la carga en la lucha contra los corruptos. Estos ahora han aprovechado cada desastre natural para llenarse los bolsillos con el Estado de Calamidad, que le ha permitido a Giammattei y su mafia ampliar al infinito el gasto y crédito público (desapareciendo cientos de millones de quetzales sin que el MP ni la Contraloría actúen), mientras ahora en el Congreso aprobó un desequilibrado Presupuesto para el año entrante de cien mil millones de quetzales cuyo destino es la impresentable gente del Pacto de Corruptos, a pesar que el pueblo se muere de hambre por la pandemia y los desastres naturales. Guatemala está hastiada de ellos y del apoyo que le dio Trump. El pueblo reclama a la comunidad internacional y al presidente Biden acabar con la corrupción irrefrenable de esa gentuza, peor que Portillo, que las doñas, Pérez & Jimmy Inc. Adiós al reaccionario anarquista Trump y bienvenido el imperio de Biden de la razón.

Clique aqui para el articulo completeo

Author: Maria Suarez