
Lester Eubanks se volvió un artista y un preso modelo en una prisión de Ohio, en la cual cumplía una sentencia a cadena perpetua por el asesinato de una niña de 14 años. Sus pinturas se mostraron como un ejemplo de que era posible enderezar a un criminal y el 7 de diciembre de 1973 le recompensaron ese esfuerzo permitiéndole salir brevemente para hacer compras navideñas. Jamás volvió a la cárcel.