Nunca pudieron ver a sus muertos. Los 44 marinos o lo que quede de ellos, permanecen desde hace tres años en las profundidades del Atlántico sur. El submarino ARA San Juan implosionó y quedó convertido en una prensa de hierros achatada en sus extremos. A más de 900 metros, no existe ni se ha inventado tecnología que pueda subir a flote al que fuera uno de los buques emblema de la Armada argentina, reseñó el portal de noticias internacional ABC.
