En el libro titulado ‘“Momentos Estelares de la Humanidad”’, el autor Stefan Zweig narra cómo ciertos eventos en la historia, que fácilmente pudieron haberse dado de una forma contraria a la que se dieron, marcaron el destino de la humanidad. El libro describe varios eventos, o puntos de inflexión, en donde se dio un acontecimiento único, como durante la conquista de Bizancio, durante la batalla de Waterloo o el asesinato de Cicerón, entre otros, que marcaron la historia para siempre. Esta obra hace reflexionar sobre la importancia de estar conscientes de que hay momentos específicos, difíciles de identificar en ese instante, en los que las cosas no se pueden tomar “a la ligera”, donde hay que estar preparados y alertas para no cometer errores, o no dejar que otros los cometan, ya que pueden marcar el rumbo de una vida, de una empresa o incluso de una nación.
Eventos como los que se describen en dicha obra, suceden a diversas escalas y en diferentes latitudes del planeta. Todos los días. Guatemala no es la excepción, y a través de los lentes de la historia, se pueden identificar muchos eventos que han marcado el rumbo del país. Viene a mi mente, por ejemplo, algo que pudiera parecer cómico, ya que fue una simple frase, que a mi criterio marcó el principio del fin del Partido Patriota, y el inicio de la protesta ciudadana en contra de la corrupción, que derivó en la renuncia del Presidente y Vicepresidenta ese mismo año, entre muchas otras cosas. Lo que parecía un simple recorrido de la ex vicepresidenta Roxana Baldetti a bordo de la lancha “Tilapa” en el Lago de Amatitlán en marzo de 2015, marcó un punto de inflexión en la historia de Guatemala. Si bien ya era público que dicho partido político estaba envuelto en una serie de escándalos de corrupción, y la paciencia de los guatemaltecos llegaba al límite, la gota “mágica” que derramó el vaso, el momento cuando los guatemaltecos dijeron “¡ya no más insultos a nuestra inteligencia y dignidad!”, fue cuando la ex vicepresidenta le dice a la población, luego de acercar a su nariz la mano llena de agua que recién había recogido del Lago de Amatitlán ‘“No hiede, de verdad…”, “No hiede, para nada…”’. Una simple frase. Un intento de engaño que no funcionó. Un momento que marcó la historia.
Está por verse si la infame frase ‘“…delante de cualquier comelón de frijoles estaremos de pie todo el tiempo”’, expresada por el diputado Rubén Barrios, al razonar su voto en contra de archivar el Presupuesto 2021 esta semana, no se convierte en un punto de inflexión en la historia de Guatemala. Al igual que en el 2015, la paciencia de la población, en este caso con la mayoría de los parlamentarios, parece estar llegando al límite. ¿Será esta frase la que sirva de punto de inflexión? ¿Se necesitarán más insultos a nuestra dignidad e inteligencia? ¿Qué tendrá que pasar para que se logre un cambio de fondo en esa institución en la que no vemos representados los intereses de los guatemaltecos?
Dentro de la trama de la aprobación del Presupuesto también hay un tema que ha pasado desapercibido y puede marcar un punto de inflexión en la historia del país: Guatemala está en la cola del mundo en términos de cantidad y calidad de su infraestructura vial y necesita, sí o sí, multiplicar por diez veces el ritmo de construcción de carreteras por los próximos 20 años para llegar a un mínimo aceptable. Esto requiere de unos Q30 millardos al año, por 20 años, de inversión. El modelo actual de desarrollo de carreteras, corrupto e ineficiente desde cualquier punto de vista está más que comprobado que no permitiría esto y que hay que hacer las cosas de forma distinta. La inclusión en el Presupuesto 2021 de Q222 millones para “reparar” la autopista Escuintla-Puerto Quetzal, le daría el “tiro de gracia”, no solo al proyecto licitado y adjudicado competitivamente por ANADIE, proyecto que le ahorraría al Estado cerca de Q1 millardo de inversión y le daría regalías por el orden de Q3 millardos, sino que, ojo, sentenciaría a muerte un nuevo modelo eficiente y competitivo para desarrollar esa tan necesitada infraestructura. Más que el proyecto, es el modelo el que está en riesgo. Así de graves son los efectos de este “simple” tema.
No hay que perder de vista estos posibles puntos de inflexión, y este último en particular, difícil de dimensionar, pero comprobado que tendría consecuencias nefastas, hay que tenerlo en el radar. Ya vimos que con una simple frase como ‘“no hiede”’ las cosas cambian, ya que los comelones de frijoles tenemos inteligencia y dignidad.