En los tiempos del patriarca del desastre, éste acostumbraba anunciar el aumento del salario mínimo mensual en cadena nacional. Con su cháchara y la caja de resonancia de su ego, creaba la impresión de que el obsequio salía de sus propios bolsillos. Hoy, el aumento es tan irreal y miserable, que se decreta en silencio y se conoce de boca a boca por las redes.